Mi nombre es Saga Masamune. A veces pienso que estaría mejor solo, porque estoy acostumbrado, pero luego recuerdo que las únicas veces que he sonreído son aquellas en las que esos ojos verdes tan brillantes están presentes. La vida no es tan mala, después de todo.
         whistle for the choir
AU: It’s you, it’s you, it’s all for you

yokozawatakafumiesp:

sagamasamune-esp:

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sagamasamune-esp:

yokozawatakafumiesp:

Se tensó. Era tan extraña esa interacción entre ellos, como adolescentes enamorados, él nunca había actuado de esa forma y el hecho de que eran dos hombres aún le causaba cierto conflicto consigo mismo. Sonrió de medio lado, algo desenfadado, aunque sin perder el sonrojo que tenía desde antes. —No agradezcas, idiota —susurró.

—Yo…hum… Iré a poner la mesa, ¿vale?  —comentó, un poco incómodo con todo aquello. Usualmente no se ponía así con Yokozawa, casi siempre le hablaba como siempre lo había hecho. Las cosas siempre se le complicaban cuando se trataba de demostrar su afecto físicamente. Tomó el par de platos que siempre usaban de la alacena y se los llevó. Intentó relajarse. Ser casual.

En cuanto terminó con los camarones, sacó el arroz del refrigerador y lo calentó. Después llevó la comida a la mesa. —Listo, sólo falta traer las bebidas —ordenó.

—Podrías pedírmelo de una forma más linda, ¿sabes? —rezongó, a pesar de que fue a la cocina y sacó dos latas de té frío. Volvió a la mesa y se sentó.

—¿Qué? ¿Quieres que te pida todo de: “Por favor, amorcito…”? —se burló. 

 —Sería lindo de tu parte, ¿sabes? Nunca me has llamado “amorcito”   —se encogió de hombros, recargando los codos en la mesa. — No te haría mal portarte lindo de vez en cuando. 

AU: It’s you, it’s you, it’s all for you

yokozawatakafumiesp:

sagamasamune-esp:

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Se tensó. Era tan extraña esa interacción entre ellos, como adolescentes enamorados, él nunca había actuado de esa forma y el hecho de que eran dos hombres aún le causaba cierto conflicto consigo mismo. Sonrió de medio lado, algo desenfadado, aunque sin perder el sonrojo que tenía desde antes. —No agradezcas, idiota —susurró.

—Yo…hum… Iré a poner la mesa, ¿vale?  —comentó, un poco incómodo con todo aquello. Usualmente no se ponía así con Yokozawa, casi siempre le hablaba como siempre lo había hecho. Las cosas siempre se le complicaban cuando se trataba de demostrar su afecto físicamente. Tomó el par de platos que siempre usaban de la alacena y se los llevó. Intentó relajarse. Ser casual.

En cuanto terminó con los camarones, sacó el arroz del refrigerador y lo calentó. Después llevó la comida a la mesa. —Listo, sólo falta traer las bebidas —ordenó.

—Podrías pedírmelo de una forma más linda, ¿sabes? —rezongó, a pesar de que fue a la cocina y sacó dos latas de té frío. Volvió a la mesa y se sentó.

AU: Someone To Die For

ritsuoda-esp:

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sagamasamune-esp:

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sagamasamune-esp:

Casi mecánicamente, mi brazo se estiró y mi mano se cerró alrededor de la muñeca del castaño, quizá con más fuerza de la necesaria. Él me volteó a ver, esperando algo, aunque no sabía qué era. Había… esperanza en su mirada. Yo Lo observé unos segundo más antes de carraspear y extenderle el libro nuevamente.  —No puedo tenerlo. Puedo esperar. Llévatelo tú. Por favor.  —le pedí, casi supliqué. Mentía, obviamente. Jamás volvería a pisar aquella biblioteca. Es más, puede que ese mismo día me mudara, todo para no tener que verlo de nuevo. Todo ese sentimiento de necesidad pura me hacía sentir muy raro. No podía estar cerca del castaño, por mucho que lo quisiera. Lo último que deseaba era hacerle daño.  —Yo…  —intenté decir algo, pero no sabía qué. Solté su muñeca, quedando el cosquilleo de su piel en mi mano. Entrecerré los ojos y suspiré. Él no hizo ningún movimiento de tomar el libro.  —No hace falta que me agradezcas nada. No tienes razones para darme las gracias. Yo soy el que debería pedirte disculpas en todo caso. Nunca tuve la intención de… afectarte… ni nada.

Sus dedos ceñidos sobre mi muñeca dolían, pero interiormente deseaba que me detuviera, así que el dolor bien podría pasar desapercibido. Lo observe, su expresión como siempre indescifrable como si sintiera todo y nada a la vez, escuche su petición algo de oprimió dentro de mi ¿Era eso lo que esperaba? Desvíe mi mirada lejos de él, si antes quería que me detuviera ahora realmente quería que me soltara para salir corriendo de ese lugar. No paso mucho cuando me soltó, mi brazo mecánicamente regreso a mi costado, no hice ningún movimiento en absoluto, casi podía sentir como retenía mi respiración. Su voz de nuevo se coló por mis oídos, retumbando en mi cabeza una y otra vez, de nuevo estaban sus disculpas ¿Por qué lo hacía? ¿Había hecho algo que mereciera que se disculpara? Mordí mi labio levemente, y sentí como apretaba los puños, mi mirada que estaba perdida en alguna parte del suelo, subió para encararse con su mirada ambarina, trate se sonreír desenfadadamente solo esperaba que no pareciera una sonrisa fingida — ¿D.. De qué hablas Saga-san? No tienes porque disculparte — Sentí como mi voz estaba temblando un poco y trate de disimular con una risa cualquiera — Estoy agradecido por lo de anoche realmente… Puedes quedarte el libro… Yo en otra ocasión lo leeré — De pronto parecía extrañamente animado, cualquiera podría decir que estaba actuando normal, cuando era algo sobre-actuado  no quería que él se percatara de mi estado — B… Bueno tengo que irme, buenas noches y hasta luego… Saga-san — Hice una reverencia y prácticamente hui de ahí antes de que Saga intentara algo, o me hablara, si eso sucedía ya no tendría la fuerza para irme de ahí. 

Me quedé con el libro en una mano y las palabras en la boca. Se había ido. Pero no sentí ninguna clase de alivio cuando lo vi alejarse. Hubiera salido detrás de él, pero estaba seguro que él no me quería cerca. No más. Apreté los labios y los dedos alrededor de la cubierta del libro. Esperé. Luego, salí del lugar, dispuesto a seguirlo.

La calle estaba un tanto abarrotada. Gente que salía del trabajo, estudiantes. Pero no había rastro de Ritsu. Intenté guiarme por el olfato, pero de nuevo, nada. Me puse a caminar erráticamente hacia donde tenía la sensación que él se había ido. ¿Por qué lo seguía? ¡Era una completa contradicción a mis palabras! ¡Irreverente! ¡Idiota!

Una vez fuera de la biblioteca corrí, ¿Hacia dónde? no tenía idea el punto era alejarme de ahí. ¿Por qué sus disculpas? ¿Por qué su empeño en que sería herido? Ni siquiera habíamos tenido una conversación ¿Qué podíamos saber del otro? ¿Por qué me consideraba tan frágil? No entendía todo el revoloteo de sentimientos dentro de mí, estaba confundido nunca había pasado por una situación familiar. El había repetido las palabras de la noche anterior, el claramente no quería estar cerca de mí, tenía que alejarme de él antes de que verdaderamente no pudiese desprenderme, seguía sin entender nada. Llegue a un parque que estaba relativamente cerca de mi departamento, no había mucha gente por los alrededores, solo un par de parejas que parecían tener el “síndrome de la primavera” Era temprano y no quería regresar a mi departamento o volvería a recordarlo, en ese momento me jure que esa noche pondría de nuevo  el seguro a mi ventana. Me deje caer sobre la primera banca más cercana a mí, recargue mis manos sobre mis piernas y suspire, todo era tan confuso, Saga era tan… sentía que el verdaderamente frágil era él, físicamente para nada, por su complexión fácilmente podría acabar con cualquiera con un solo puño. ¿Qué estaba haciendo? Pensar más en el, cuando el punto era dejar todo eso atrás, suspire derrotado y lleve mi vista hacia el cielo, me perdí completamente en el extenso mar de estrellas, había pasado mucho desde que había visto un cielo tan despejado como aquel y la luna completamente redonda, iluminando todo a su alrededor, parecía salido de alguna fotografía, por unos momentos me olvide de todo y de todos.

Había caminado demasiado, empujado a muchísimas personas, recibido palabras altisonantes. No me importaba. Yo… Quería estar con él. ¿Para qué seguirle negando a mi propio subconsciente algo obvio? Crucé avenidas, calles, busqué. No había rastros de él. ¿Estaría en casa? ¿Habría cerrado la ventana? El tumulto de gente se fue haciendo cada vez menor. Sólo un par de personas, parejas, más que nada. Parejas que me hicieron sentir condenadamente solo. Me di cuenta de que estaba en un parque cuando vi los juegos infantiles y los bancos y el aspecto agradable. Pero no me sentía cómodo. Suspiré y me dejé caer en el primer banco que encontré, llevándome dos dedos al puente de la nariz, frustrado. Jamás me había sentido tan… cansado. Miré la portada del libro entre mis manos. ¿Era lo único que me iba a quedar de él? No tendría problema en no devolverlo, pero… ¿para qué? Sería un recuerdo vago. No sabíamos nada del otro. No era como si fuéramos algo más que apenas y dos extraños cualquiera. Maldije entre dientes. Maldita necesidad. Maldita soledad.

Podría haberme quedado la mitad de la noche observando el cielo, pero una ráfaga fría de viento me recorrió toda la espina dorsal, estremeciéndome completamente, solo llevaba una playera de manga corta, ¡Era primavera! ¿Qué sucedía con el clima? Eso era clara señal de que debía irme a casa, aunque con tantos asaltos y asesinatos en la ciudad, tampoco era muy agradable quedarse tan noche en las calles, suspire y me desperecé, era hora de ir a casa, no estaba muy lejos en realidad, solo tenía que cruzar el parque, una calle más y listo, hogar dulce hogar. Me levante y antes de comenzar a caminar me gire hacia atrás, como si estuviese dejando algo, ese sentimiento era extraño, sonreí un poco afligido y me puse en marcha. Mientras más avanzaba menos gente comenzaba a aparecer, no estaba tan oscuro gracias a la luna, pero no era gran iluminación, por alguna razón comencé a sentir miedo y mi caminar se volvió más rápido. Escuche sonidos de latas cayendo, bien pudo ser un gato pero el pánico pudo más conmigo y después de un grito ahogado comencé a correr, no estaba lejos de llegar al final del parque, cuando tropecé, cayendo de lleno boca abajo. Escuche un par de risas que me causaron un leve sonrojo que preferí ignorar, con dificultad me levante y me deje caer en la banca más cercana, mi rodilla me estaba ardiendo horrores, enrollé mi pantalón dejando expuesta mi rodilla herida y note como toda la zona estaba roja e inclusive un poco de sangre comenzaba a brotar, acomode mi pantalón de manera normal y suspire. Ese sí que no había sido mi día, ¿Se podía poner peor? Pregunta retorica que a dios le gusta regresarte en la cara. Escuche débilmente mi nombre en una voz demás familiar. 

 Reconocí el olor. Mis músculos se tensaron y destensaron al sentir la presencia a mi lado. No era cualquier persona. Una emoción que creía perdida empezó a invadirme al ver el rostro cansado de Ritsu, a mi lado. Por inercia, su nombre se escapó de entre mis labios, aunque quise tragarme mis palabras inmediatamente. Él me miró. Hizo un movimiento como de querer levantarse e irse.

—¡No!  —dije, quizá demasiado alto y demasiado brusco.  —Yo… quiero decir… no… no te vayas.

AU: Someone To Die For

ritsuoda-esp:

sagamasamune-esp:

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Casi mecánicamente, mi brazo se estiró y mi mano se cerró alrededor de la muñeca del castaño, quizá con más fuerza de la necesaria. Él me volteó a ver, esperando algo, aunque no sabía qué era. Había… esperanza en su mirada. Yo Lo observé unos segundo más antes de carraspear y extenderle el libro nuevamente.  —No puedo tenerlo. Puedo esperar. Llévatelo tú. Por favor.  —le pedí, casi supliqué. Mentía, obviamente. Jamás volvería a pisar aquella biblioteca. Es más, puede que ese mismo día me mudara, todo para no tener que verlo de nuevo. Todo ese sentimiento de necesidad pura me hacía sentir muy raro. No podía estar cerca del castaño, por mucho que lo quisiera. Lo último que deseaba era hacerle daño.  —Yo…  —intenté decir algo, pero no sabía qué. Solté su muñeca, quedando el cosquilleo de su piel en mi mano. Entrecerré los ojos y suspiré. Él no hizo ningún movimiento de tomar el libro.  —No hace falta que me agradezcas nada. No tienes razones para darme las gracias. Yo soy el que debería pedirte disculpas en todo caso. Nunca tuve la intención de… afectarte… ni nada.

Sus dedos ceñidos sobre mi muñeca dolían, pero interiormente deseaba que me detuviera, así que el dolor bien podría pasar desapercibido. Lo observe, su expresión como siempre indescifrable como si sintiera todo y nada a la vez, escuche su petición algo de oprimió dentro de mi ¿Era eso lo que esperaba? Desvíe mi mirada lejos de él, si antes quería que me detuviera ahora realmente quería que me soltara para salir corriendo de ese lugar. No paso mucho cuando me soltó, mi brazo mecánicamente regreso a mi costado, no hice ningún movimiento en absoluto, casi podía sentir como retenía mi respiración. Su voz de nuevo se coló por mis oídos, retumbando en mi cabeza una y otra vez, de nuevo estaban sus disculpas ¿Por qué lo hacía? ¿Había hecho algo que mereciera que se disculpara? Mordí mi labio levemente, y sentí como apretaba los puños, mi mirada que estaba perdida en alguna parte del suelo, subió para encararse con su mirada ambarina, trate se sonreír desenfadadamente solo esperaba que no pareciera una sonrisa fingida — ¿D.. De qué hablas Saga-san? No tienes porque disculparte — Sentí como mi voz estaba temblando un poco y trate de disimular con una risa cualquiera — Estoy agradecido por lo de anoche realmente… Puedes quedarte el libro… Yo en otra ocasión lo leeré — De pronto parecía extrañamente animado, cualquiera podría decir que estaba actuando normal, cuando era algo sobre-actuado  no quería que él se percatara de mi estado — B… Bueno tengo que irme, buenas noches y hasta luego… Saga-san — Hice una reverencia y prácticamente hui de ahí antes de que Saga intentara algo, o me hablara, si eso sucedía ya no tendría la fuerza para irme de ahí. 

Me quedé con el libro en una mano y las palabras en la boca. Se había ido. Pero no sentí ninguna clase de alivio cuando lo vi alejarse. Hubiera salido detrás de él, pero estaba seguro que él no me quería cerca. No más. Apreté los labios y los dedos alrededor de la cubierta del libro. Esperé. Luego, salí del lugar, dispuesto a seguirlo.

La calle estaba un tanto abarrotada. Gente que salía del trabajo, estudiantes. Pero no había rastro de Ritsu. Intenté guiarme por el olfato, pero de nuevo, nada. Me puse a caminar erráticamente hacia donde tenía la sensación que él se había ido. ¿Por qué lo seguía? ¡Era una completa contradicción a mis palabras! ¡Irreverente! ¡Idiota!

Una vez fuera de la biblioteca corrí, ¿Hacia dónde? no tenía idea el punto era alejarme de ahí. ¿Por qué sus disculpas? ¿Por qué su empeño en que sería herido? Ni siquiera habíamos tenido una conversación ¿Qué podíamos saber del otro? ¿Por qué me consideraba tan frágil? No entendía todo el revoloteo de sentimientos dentro de mí, estaba confundido nunca había pasado por una situación familiar. El había repetido las palabras de la noche anterior, el claramente no quería estar cerca de mí, tenía que alejarme de él antes de que verdaderamente no pudiese desprenderme, seguía sin entender nada. Llegue a un parque que estaba relativamente cerca de mi departamento, no había mucha gente por los alrededores, solo un par de parejas que parecían tener el “síndrome de la primavera” Era temprano y no quería regresar a mi departamento o volvería a recordarlo, en ese momento me jure que esa noche pondría de nuevo  el seguro a mi ventana. Me deje caer sobre la primera banca más cercana a mí, recargue mis manos sobre mis piernas y suspire, todo era tan confuso, Saga era tan… sentía que el verdaderamente frágil era él, físicamente para nada, por su complexión fácilmente podría acabar con cualquiera con un solo puño. ¿Qué estaba haciendo? Pensar más en el, cuando el punto era dejar todo eso atrás, suspire derrotado y lleve mi vista hacia el cielo, me perdí completamente en el extenso mar de estrellas, había pasado mucho desde que había visto un cielo tan despejado como aquel y la luna completamente redonda, iluminando todo a su alrededor, parecía salido de alguna fotografía, por unos momentos me olvide de todo y de todos.

Había caminado demasiado, empujado a muchísimas personas, recibido palabras altisonantes. No me importaba. Yo… Quería estar con él. ¿Para qué seguirle negando a mi propio subconsciente algo obvio? Crucé avenidas, calles, busqué. No había rastros de él. ¿Estaría en casa? ¿Habría cerrado la ventana? El tumulto de gente se fue haciendo cada vez menor. Sólo un par de personas, parejas, más que nada. Parejas que me hicieron sentir condenadamente solo. Me di cuenta de que estaba en un parque cuando vi los juegos infantiles y los bancos y el aspecto agradable. Pero no me sentía cómodo. Suspiré y me dejé caer en el primer banco que encontré, llevándome dos dedos al puente de la nariz, frustrado. Jamás me había sentido tan… cansado. Miré la portada del libro entre mis manos. ¿Era lo único que me iba a quedar de él? No tendría problema en no devolverlo, pero… ¿para qué? Sería un recuerdo vago. No sabíamos nada del otro. No era como si fuéramos algo más que apenas y dos extraños cualquiera. Maldije entre dientes. Maldita necesidad. Maldita soledad.

AU: It’s a Boy/Girl Thing

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sagamasamune-esp:

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Estaba a punto de levantarme cuando escuché a la chica excusarse. La miré y le pregunté qué se le ofrecía. Sentí a Ritsu pegarse a mí aún más, aunque no encontré una razón. La chica se puso visiblemente nerviosa, jugando con el borde del delantal de su uniforme.

Note las mejillas de la chica discretamente teñidas en un tono melocotón, desviaba la mirada constantemente mientras jugaba con su uniforme ¿Qué estaba pasando? ¿Yo conocía esas reacciones? Por un instante su mirada se fijo en mí, y su inocente expresión pareció mostrar desdén, me sobresalte un poco y desvié la mirada lejos de ella. Fije mi mirada en mi mano y la de Sempai entrelazadas y me encogí sobre mí mismo.

Yo… quería preguntar… ¿Cómo te llamas?…”

Su voz demostraba lo nerviosa que estaba, no me atrevía a mirarla por lo que solo me limite a ver su reflejo a través de los saleros en medio de la mesa.

“Bueno… ¡AH!… Mi… Nombre es Yamada Kyoko… Y Yo…”

Dejo el juego con su uniforme, para comenzar a jugar con su cabello, su sonrojo comenzó a aumentar, por un momento sentí una opresión en el pecho.

Le dije mi nombre más por inercia que por gusto. No sabía lo que quería la chica y alcé las cejas, medio impaciente. Quería irme ya con Ritsu. Quería estar a solas. Por mera cortesía le sonreí, lo que la puso aún más nerviosa y mucho más roja. Kyoko no era fea, pero lo cierto era que seguía prefiriendo a Ritsu, además de que no había lugar para comparaciones de ningún modo.

¿Por qué le había dicho su nombre? ¿Porque le estaba sonriendo? No tenía porque hacerlo, sentí como mis mejillas se inflaron levemente, tan pronto sempai había terminado de pronunciar su nombre, la chica lo repitió en voz baja, pude notar como lo palpaba con la lengua una y otra vez. Ante todo eso me estaba sintiendo extraño. Por impulso la mire discretamente, pero ella lo noto y prácticamente me fulmino con la mirada. ¿Había hecho algo malo? Mi cuerpo reacciono solo y antes de notarlo, había tomado el brazo de sempai, me estaba poniendo algo nervioso a decir verdad. La mire de reojo nuevamente, y tenía una expresión indescifrable en el rostro, estaba completamente sonrojada, parecía estar armándose de valor para decir algo.

“Yo… Masamune-san… ¿Po… Podríamos bueno… intercambiar números telefónicos?”

¿Por qué lo había llamado por su nombre? ¿Por qué a él no le molestaba? Kyoko lucía nerviosa aunque sentía que ella realmente no lo estaba.

“Puedo ser… Muy atrevida… Pero… Eres… Bueno.. Muy guapo”

Esto comenzaba a molestarme.

Sentí los pequeños dedos de Ritsu aferrarse a mi brazo con fuerza. Lo miré de reojo, pero unos mechones de su cabello castaño me cubrían la vista a sus ojos. Después, fijé la mirada en Kyoko, que se había puesto roja como un tomate.

—Yo… Bueno… Gracias por el cumplido.  —dije, sin estar del todo cómodo con aquello.  —Y…bueno, te lo daría, pero la verdad es que no tengo teléfono. No me gustan. Además… Mi novia y yo ya nos íbamos.

“Mi novia” Aquello me hizo sonrojar hasta las orejas seguramente, solo atine a esconder mi rostro furtivamente en el brazo de Sempai, pero apenas me había recargado ligeramente en él y Kyoko se puso entre ambos, sin ningún tipo de delicadeza prácticamente me había desplazado, sin recato alguno tomo la mano de sempai y se le acerco con bastante confianza. Me quede estático al observar cómo se veían juntos, la opresión en mi pecho se había vuelto sofocante.

Masamune-san… Yo… Quisiera realmente ser su amiga… Me gustas”

Eso fue suficiente. Me levante de un golpe poniendo las manos sobre la mesa, estaba molesto, nunca lo había estado y eso me desconcertaba aun más, tanto sempai como la chica me miraron expectantes hasta confundidos, yo los mire enfurruñado. Tome el brazo de Saga-sempai y lo jale haciendo que se levantara. — Él… ¡Saga-sempai es mio! — Mi voz había sonado algo dura a decir verdad, pero poco me importaba, Kyoko estaba inmóvil — Nos vamos — Deje un par de billetes al azar sobre la mesa y camine hacia la salida llevando prácticamente a rastras a Sempai, todas las miradas estaba sobre nosotros pero yo no pensaba soltarlo. Una vez afuera, algo cruzo por mi mente, ese “me gustas” bien pudo ser un “me agradas” aunque realmente no me importo mucho en ese momento, estaba enojado.

Iba a protestar y alejarme de Kyoko cuando Ritsu se levantó de golpe. Jamás lo había visto así de… enojado. Me arrastró hacia la salida, apretando mi brazo más de lo que debería. Reaccioné y planté bien los pies en el suelo, haciendo que Ritsu se detuviera igual.

— ¡Oye, oye! ¡Tranquilízate! ¿Por qué estás molesto? —le pregunté, intentando mirarlo a los ojos, pero él rehuía mi mirada. Estaba más que enfadado.

We’ll be a dream.

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Shion ladeó un poco la cabeza, confundido. Se asustó ligeramente, temiendo que sus padres pudieran decirle algo malo. Se limitó a asentir, sin apartar la mirada de la de Ritsu. —Cl-claro, papi.

Saga inhaló profundamente y tomó la mano libre de Ritsu entre las suyas, como para darle valor y darse valor  él mismo. —Shion, nosotros… Bueno… Estábamos pensando en… hacer crecer la familia, ¿entiendes?

Shion los miró, frunciendo el ceño en un claro gesto de ‘no-entiendo-nada’. — ¿Cómo crecer?

El desconcierto de Shion solo sirvió para aumentar la inseguridad de Ritsu, cuando su mano fue aprisionada por la de su esposo sintió extrañamente ser reconfortado aunque su corazón estuviese volviéndose loco. La confusión de su pequeño hasta cierto punto le pareció adorable ¿Era  tan lento o más bien inocente? Sonrió un poco más relajado —S… Shi-chan… A tu papá y a mí, nos gustaría que tengas un hermanito. 

— ¿Qué? ¿Un…? P-pero… ¡¿de dónde lo van a sacar?! —Shion miró a Saga y después a Ritsu, alterado de verdad. — ¿Cómo…? —se le trabaron las palabras en la boca y se quedó callado un largo rato. Fijó su vista en la mesa. Shion había oído de varios de sus compañeros de escuela que los hermanitos y hermanitas siempre robaban la atención de los padres y que molestaban y muchas cosas más. No era como si a él le desagradara, de hecho, le gustaba la idea, pero simplemente lo había tomado por sorpresa todo aquello. No se veía como un ‘hermano mayor’ en todo caso. — ¿Cuándo van a tenerlo? ¿Cuándo va a llegar? ¿Va a quedarse con mi habitación?

Saga intentó reprimir una risa que amenazaba con salir, y espero a que Ritsu dijera algo para aclararle las cosas a Shion.

AU: Someone To Die For

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Casi mecánicamente, mi brazo se estiró y mi mano se cerró alrededor de la muñeca del castaño, quizá con más fuerza de la necesaria. Él me volteó a ver, esperando algo, aunque no sabía qué era. Había… esperanza en su mirada. Yo Lo observé unos segundo más antes de carraspear y extenderle el libro nuevamente.  —No puedo tenerlo. Puedo esperar. Llévatelo tú. Por favor.  —le pedí, casi supliqué. Mentía, obviamente. Jamás volvería a pisar aquella biblioteca. Es más, puede que ese mismo día me mudara, todo para no tener que verlo de nuevo. Todo ese sentimiento de necesidad pura me hacía sentir muy raro. No podía estar cerca del castaño, por mucho que lo quisiera. Lo último que deseaba era hacerle daño.  —Yo…  —intenté decir algo, pero no sabía qué. Solté su muñeca, quedando el cosquilleo de su piel en mi mano. Entrecerré los ojos y suspiré. Él no hizo ningún movimiento de tomar el libro.  —No hace falta que me agradezcas nada. No tienes razones para darme las gracias. Yo soy el que debería pedirte disculpas en todo caso. Nunca tuve la intención de… afectarte… ni nada.

Sus dedos ceñidos sobre mi muñeca dolían, pero interiormente deseaba que me detuviera, así que el dolor bien podría pasar desapercibido. Lo observe, su expresión como siempre indescifrable como si sintiera todo y nada a la vez, escuche su petición algo de oprimió dentro de mi ¿Era eso lo que esperaba? Desvíe mi mirada lejos de él, si antes quería que me detuviera ahora realmente quería que me soltara para salir corriendo de ese lugar. No paso mucho cuando me soltó, mi brazo mecánicamente regreso a mi costado, no hice ningún movimiento en absoluto, casi podía sentir como retenía mi respiración. Su voz de nuevo se coló por mis oídos, retumbando en mi cabeza una y otra vez, de nuevo estaban sus disculpas ¿Por qué lo hacía? ¿Había hecho algo que mereciera que se disculpara? Mordí mi labio levemente, y sentí como apretaba los puños, mi mirada que estaba perdida en alguna parte del suelo, subió para encararse con su mirada ambarina, trate se sonreír desenfadadamente solo esperaba que no pareciera una sonrisa fingida — ¿D.. De qué hablas Saga-san? No tienes porque disculparte — Sentí como mi voz estaba temblando un poco y trate de disimular con una risa cualquiera — Estoy agradecido por lo de anoche realmente… Puedes quedarte el libro… Yo en otra ocasión lo leeré — De pronto parecía extrañamente animado, cualquiera podría decir que estaba actuando normal, cuando era algo sobre-actuado  no quería que él se percatara de mi estado — B… Bueno tengo que irme, buenas noches y hasta luego… Saga-san — Hice una reverencia y prácticamente hui de ahí antes de que Saga intentara algo, o me hablara, si eso sucedía ya no tendría la fuerza para irme de ahí. 

Me quedé con el libro en una mano y las palabras en la boca. Se había ido. Pero no sentí ninguna clase de alivio cuando lo vi alejarse. Hubiera salido detrás de él, pero estaba seguro que él no me quería cerca. No más. Apreté los labios y los dedos alrededor de la cubierta del libro. Esperé. Luego, salí del lugar, dispuesto a seguirlo.

La calle estaba un tanto abarrotada. Gente que salía del trabajo, estudiantes. Pero no había rastro de Ritsu. Intenté guiarme por el olfato, pero de nuevo, nada. Me puse a caminar erráticamente hacia donde tenía la sensación que él se había ido. ¿Por qué lo seguía? ¡Era una completa contradicción a mis palabras! ¡Irreverente! ¡Idiota!

We’ll be a dream.

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No pudo reprimir una risa ligera, negar con la cabeza y regresar a su trabajo, mucho más animado que antes, debido a que ahora tenía una razón mucho más atractiva para terminarlo.

A la mañana siguiente, aún a pesar de su desvelo, Saga tuvo tiempo de aprovecharse un poco más de Ritsu, hasta que éste lo empujó con la excusa de preparar el desayuno.

El mayor se quedó un rato más en la cama, sumido en un sopor agradable post-sexo, con una sonrisa relajada en su rostro. No se levantó hasta que el olor del desayuno llegó hasta la habitación. Se vistió y salió arrastrando los pies hacia el comedor. Shion ya estaba ahí, esperando a que Ritsu le sirviera su plato. Saga le sonrió y se asomó a la cocina.

 —Buenos días… ¿Quieres que te ayude en algo? 

Un verdadero esfuerzo fue el poderse quitar a Saga de encima, Ritsu sabía que si no lo hacía pronto aquello iba a terminar mal y había tenido bastante en la noche anterior. El momento en el que se levanto, sintió el fuerte dolor de su cadera, lejos de molestarse, un sonrojo se esparció hasta sus orejas. Literalmente Ritsu huyo hasta la cocina, con la idea de preparar el desayuno para su familia, pero sus pensamientos estaban en otro lado, tropezándose y dejando caer las cosas por su distracción.

No paso mucho cuando Shion irrumpió en la cocina, aun lucia adormilado Ritsu se acerco a su hijo, beso su frente y le dio los buenos días, el pequeño apenas pudo responder. Shion ayudo a su papa a preparar la mesa, recién había terminado y Masamune se unió al cuadro familiar, tan solo el momento en el que Ritsu percibió la voz de su esposo, se tenso completamente.

—B… Buenos días… No te preocupes… Shion ya me ayudo… Ambos pueden sentarse… Estoy por terminar el desayuno — Sonrío ligeramente.

—Vale, pero…  —Saga se acercó más a Ritsu, para hablarle en voz baja.  —Recuerda que tenemos que hablar con Shion de ya-sabes-qué.  —musitó, recargándose contra el lava-platos.  — ¿Quieres hacerlo ya o hasta que regrese del trabajo? Hoy saldré temprano, así que tú dime.

El acercamiento de Saga no hizo otra cosa más que aturdirlo, trato de controlar sus nervios para no hacer ninguna clase de torpeza. Se quedo en silencio un buen rato analizando lo dicho. — C… Creo que entre más… Rápido lo sepa Shi-chan, mejor. Pero… ¿Estará bien con eso? — La pregunta había sido más para sí mismo, realmente le preocupaban los sentimientos de su hijo.

Suspiró y se cruzó de brazos.   —Mira, Shion es… Shion es un niño muy maduro. No te puedo asegurar lo que vaya a sentir, pero sé que él va a entenderlo.  —sonrió ligeramente, intentando darle valor a Ritsu. Se acercó un poco más para besarlo fugazmente en los labios.

Asintió más convencido — Sempai tiene razón — Conocía bien de antemano la madurez de Shion, pero eso no le quitaba la preocupación a la reacción de su pequeño. — Gracias Saga-sempai, me s… — Sus palabras fueron acalladas por el muy corto beso de Masamune, apenas si había logrado reaccionar y su rostro ya se había teñido bruscamente de rojo. 

Se rio ligeramente antes de desordenar el cabello de Ritsu y salir de la cocina. Shion lo observó, se notaba todavía el sueño e sus ojos. Saga le sonrió.

— ¿Dormiste bien, Shion?

—Sí, papá… Aunque estuve despertando a cada rato… ¿Ustedes no escucharon como un ruido de golpes en la pared?  preguntó el niño, bostezando. Hizo un ademán con la mano, como si estuviera martilleando algo.  Así… Se escuchaba mucho más fuerte cerca de su habitación, no entiendo cómo no se despertaron.

El simple toque ajeno sobre sus cabellos, basto para que su corazón latiera de manera frenética, aunque aquello le había arrebatado una sonrisa. Suspiro más relajado. Salió de la cocina casi detrás de Saga, listo para servir el recién terminado desayuno, no era la gran maravilla, solo arroz y sopa de miso. La pregunta del pelinegro hacia su pequeño, lo hizo escudriñar a Shion, pero tan pronto el aludido expuso porque aun seguía con sueño, los colores de esparcieron por toda su piel, Ritsu parecía estar a punto de explotar en cualquier momento, escucho ser llamado un par de veces, pero su cuerpo simplemente se había petrificado.

—Ritsu… ¡Ritsu! —Intentó en vano hacerlo volver a la realidad. Saga sólo atinó a suspirar, negando con la cabeza. Le sonrió a Shion y se encogió de hombros.  —Seguramente los vecinos debieron haber hecho algún arreglo a su casa. Quién sabe.

—Yo no sé, papá, pero fue muy molesto.  —Shion hizo un pequeño puchero antes de recargar la cabeza contra la mesa y soltar un resoplido.

Saga se rio ante la reacción de su hijo, aunque después carraspeó. Era momento de quedarse serios.  —Shion… Bueno… Tu papi y yo queremos hablar contigo de algo, y nos parece muy importante saber tu opinión.

No reacciono si no hasta que Shion lo llamo constantemente, el momento en el que miro el confundido rostro de su hijo, el sonrojo aumento, realmente sintió que morirá de vergüenza. Miro a Saga algo enfurruñado, pero su expresión cambio inmediatamente cuando observo el serio semblante de Masamune quien asintió como cediéndole la palabra, fue entonces cuando entendió que estaba pasando. Se acerco a su hijo y puso una de sus manos sobre su pequeño hombro — Shi-chan cariño, queremos que seas completamente honesto en tu opinión respecto a lo que vamos a decirte — Sonrío de manera condescendiente tratando de confortar al menor. 

Shion ladeó un poco la cabeza, confundido. Se asustó ligeramente, temiendo que sus padres pudieran decirle algo malo. Se limitó a asentir, sin apartar la mirada de la de Ritsu. —Cl-claro, papi.

Saga inhaló profundamente y tomó la mano libre de Ritsu entre las suyas, como para darle valor y darse valor  él mismo. —Shion, nosotros… Bueno… Estábamos pensando en… hacer crecer la familia, ¿entiendes?

Shion los miró, frunciendo el ceño en un claro gesto de ‘no-entiendo-nada’. — ¿Cómo crecer?

AU: Someone To Die For

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La oscuridad es mi mejor amiga. Tomo su mano a pesar de no necesitarla y lo siento tensarse ante el frío de mi piel. Una vez adentro, lo suelto y busco con la mirada. Nada. Mi abrigo debe estar en la cocina. Aprieto los labios. Puedo notar que hace un esfuerzo por verme, pero sé que a él no me gustaría mi aspecto. Todo el frente de mi playera está manchado de sangre reseca y en algunos sitios todavía está húmeda. Unas costras de la misma sangre se me han pegado a la piel del cuello y la boca, como si hubiera despellejado a un ciervo con los dientes. No debo verme muy agradable.

 —Vuelve a dormirte. — le pido. — Olvida que vine. Yo sólo… Olvídalo. No vendré a molestarte más.

 Empiezo a avanzar hacia la puerta de su habitación, pero lo siento aferrarse a mi mano, deteniéndome. No puede verme, pero yo a él sí. Parece… asustado y confundido. Eso.

En el momento en el que nuestras manos se unieron me percate de lo frío que se encontraba, me di cuenta entonces también, que no llevaba su abrigo ¿Lo había perdido? ¿Cómo había podido estar afuera, sin un abrigo y con ese clima? Quise ponerle encima una de las mantas que se encontraban sobre mi cama, pero no estaba seguro de que tanto de eso era una buena idea. Tan pronto estuvo adentro, lo sentí alejarse de mí, como si me estuviera evitando.  Gracias a la oscuridad seguía sin poder mirarlo bien, solo podía distinguir su ambarina mirada. Quería decir algo, para romper el silencio que se había ceñido sobre ambos, pero era incapaz de articular una palabra, no tenía idea de que decir.  Pronto su voz fue la que quebró la incómoda atmósfera  pero aquellas palabras rígidas me habían puesto más incomodo a mí. ¿Por qué regreso solo para decirme eso? Fue lo que pensé mientras lo escucho alejarse de nuevo, mi cuerpo se mueve por inercia deteniéndolo de la mano, sentí claramente el momento en el que ese par de ojos avellanas se posaron sobre mí, cortándome toda posibilidad para respirar.

— ¿Po… Por qué… Por qué tengo que olvidarte? Si regresaste es porque no querías que lo hiciera? ¿Verdad? No me estas molestando, yo te invite a venir en primer lugar, además ¿Por qué desapareciste tan repentinamente hace un rato? No me dijiste una sola palabra, fuiste tu quien me salvo, ¿no? Entonces ¿¡porque alejarte de mí!? — Las palabras simplemente habían explotado de mi boca, resbalando sin sentido alguno, sin poder detenerlas. La expresión en el rostro de Saga era indescifrable, lo estaba molestando eso era seguro, lo solté y retrocedí uno cuantos pasos. — Lo siento… Yo… No sé ni lo que estoy diciendo… Discúlpame si te moleste — Mis mejillas estaban rojas como tomates, una vez más había hecho el ridículo. 

Mierda. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esto era justo lo que quería evitar. ¿Por qué, en tan poco tiempo, él se había aferrado tanto a mí? Debí haber cortado todo contacto en cuanto pude. Es más… ni siquiera debí haber vuelto. Soy un imbécil. Suspiro y miro hacia otra parte.

—Porque no quiero lastimarte. Por eso. —respondo en un murmullo después de un largo silencio. —Tú y yo no podemos ser nada. No puedo ser tu amigo. Tienes que saberlo. No tengo por qué darte explicaciones. Las cosas son así. Será mejor que lo olvides. Por tu bien. Disculpa. —En silencio, salí de su habitación. Mi abrigo estaba en la sala todavía. Lo tomé y decidí salir por la puerta, como la gente. Antes de dirigirme al pasillo, regresé al cuarto de Ritsu, sin llegar a entrar.

—Puedes cerrar la ventana, si quieres. No volveré a molestarte. Entiéndeme, por favor. —pedí, sin esperar realmente una respuesta.

— ¿Qué?… P… Pero… Tu… — No pude concretar mis palabras cuando Saga ya me había desechado, no era tampoco como si fuésemos algo, es decir nos conocíamos apenas hace unas cuantas horas. Pero el verlo me hacia querer estar con él, un sentimiento no más allá de la mera necesidad de querer protegerlo, el me había salvado anteriormente pero… Sus ojos demostraban tanta soledad que dolía, casi podía escucharlo gritar que no quería estar solo, pero tampoco quería herir a los de su alrededor, al menos fue eso lo que pensé; no estaba seguro si ya me estaba volviendo loco.

Quise detenerlo de nuevo, pero si lo hacía estaba seguro que en esa ocasión me golpearía, aunque también posiblemente dejarlo ir era lo mejor en esa situación, mi cuerpo estático solo diviso la espalda de Saga desapareciendo detrás de la puerta. Después de un largo rato, suspire, me deje caer sobre mi cama y puse  un brazo sobre mis ojos, quería despertar después de todo, lo que había pasado era un sueño ¿No? Volví a escuchar su voz, y fue lo que me basto para levantarme y correr tras de el; al momento de abrir la puerta de mi habitación el ya no estaba ahí, lo busque discretamente por todo mi departamento pero ya no estaba. Volví a mi habitación y me gire hacía atrás una última vez, solo observe la obscuridad que se ceñía sobre mi departamento. ¿Qué estaba pasando conmigo? 

Salgo del edificio, saliendo de nuevo hacia la calle. Una vez en la acera, no puedo evitar mirar hacia su ventana. Suspiro ligeramente, apretando entre mis dedos la tela de mi abrigo. No tengo idea de cuánto tiempo duré ahí, observando el rectángulo oscuro, pero fue el suficiente como para alcanzar a ver que una delgada línea de cielo claro empezaba a aparecer en el cielo. Entrecierro los ojos y echo a andar hacia mi ‘casa’.

No pude dormir. Mi consciencia estuvo despierta todo el tiempo en el que permanecí encerrado en ese departamento que se caía a pedazos. Había cubierto todas las ventanas y rendijas con periódico y tela, para evitar el paso de la luz. Yo, usualmente, dormía en la bañera del baño, donde estaba mucho más oscuro que en cualquier parte del departamento. Y aún así, las horas pasaron y no podía descansar. Mi memoria se remontaba una y otra vez hacia aquellos ojos verdes, hacia la tonalidad lechosa de su piel y ese sonrojo adorable. Mis dedos aún podían sentir lo terso de esa piel. Estaba enojado conmigo mismo por no ser capaz de sacarlo de mi cabeza.

Cuando anocheció, me decidí a salir. No porque buscara algo en especial, sino que sólo quería buscar una distracción, algo que sacara de mi cabeza a Ritsu. Me metí a una biblioteca y me pasé ahí un buen rato, queriendo repasar la mayor cantidad de libros posible.

Dormí, o al menos eso intente hacer, el frío que se colaba por la ventana me helaba hasta los huesos, pero no quería cerrarla… Apenas comenzaba a conciliar el sueño de nuevo y mi despertador sonó, no quería levantarme, quería quedarme en cama todo el día y no saber de nada o de nadie; pero a pesar de ser domingo tenía trabajo. Me levante y me estire en más de una ocasión tratando de evadir el sueño  sin mucho éxito, una ráfaga de viento me hizo espabilar, mire la ventana abierta y entendí que lo de esta mañana no había sido un sueño, suspire y no cerré la ventana, llamémosle esperanza a lo que sentía en ese momento. Ni bien puse un pie dentro la sala Sorata me recibió tallándose en mi pierna. Un sentimiento de infinita culpa me invadió, anoche ni siquiera había recordado que él estaba en el departamento, anoche… Saga. Sacudí mi cabeza e intente esparcir todo recuerdo relacionado a él, después de todo no volvería a verlo, me agache para acariciarlo y mimarlo un rato, pero el momento en el sonreí resentí el dolor de mis hinchadas mejillas. Me levante con un poco de esfuerzo, el vientre de igual manera me dolía un poco; fui hacia la cocina, tome una lata de comida para gatos para Sorata, era mi manera de disculparme con él, una vez me cercioré estuviese comiendo, fui al baño por el botiquín y comencé a tratar mis pequeñas heridas.  Más de una lagrima cayó en el proceso, no era muy bueno en ello a decir verdad, termine con la cara llena de banditas, solo esperaba que mi jefe no creyera que fuese un delincuente que se mete en cualquier pelea.

Ducharse, desayunar, lo que la gente normal hace antes de ir al trabajo. Por alguna razón no importaba lo temprano que me levantara, siempre se me terminaba haciendo tarde, tenía planeado pasar a la biblioteca a dejar los libros que había llevado a casa, pero con lo tarde que iba tendría que hacerlo después de terminar en la librería, suspire resignado mientras corría.

Desde el camino recorrido de mi departamento al trabajo, los recuerdos de la noche anterior estaban rondando en mi cabeza, en el trabajo siquiera había podido concentrarme del todo, con cada chico alto y pelinegro que veía, algo se removía dentro de mí y sin recato alguno me acercaba a ellos, su expresión en todos era la misma, genuina confusión. Caída la noche, tiempo de cerrar, recibí un gran y tedioso regaño por parte de mi jefe por mi extraño comportamiento del día, no podía evitarlo, y solo me limite a quedarme callado y a sentir.

El día se me había hecho pesado, por no decir eterno, tome mis cosas y me puse en marcha hacia mi departamento, de nuevo solo quería hundirme en mi cama. Entonces recordé el porqué de que mi mochila pesara exageramente: los libros. Por ser domingo había salido temprano a pesar de que ya estaba oscuro, decidí darme prisa o se repetiría lo del día anterior, y posiblemente ahora nadie vendría a mi rescate. Antes de darme cuenta ya estaba frente a la biblioteca, por suerte seguía abierta, suspire y entre lentamente, entregue los libros que correspondían, la bibliotecaria parecía ser de mi edad y se me quedo viendo extrañamente, posiblemente estaría preguntándose porque llevaba tantas banditas en mi cara; estaba por marcharme, pero por simple curiosidad pregunte por un libro que hacía tiempo quería llevarme a casa pero nunca se encontraba disponible, una sonrisa de genuina emoción enmarco mi rostro, me dirigí al pasillo donde la chica me había dicho se encontraba lo que quería, me moví lo más rápido que pude pero sin correr realmente. Estaba ya entre los estantes y note a una persona que también se encontraba ahí, ni siquiera le puse atención, estaba bastante emocionado, una vez encontré el libro estire mi mano para tomarlo, pero entonces mis dedos chocaron con unos largos, y fríos dedos, me gire para pedir disculpas, pero apenas divise el rostro sonroje bruscamente.  Tu. 

Me había llamado la atención desde un principio. Había algo que me llamaba la atención de aquel libro, así que no dudé en estirar la mano para tomarlo. Había oído a otra persona ahí mismo, pero en ese momento no me llamó la atención en lo absoluto, hasta que mis dedos rozaron los suyos. Luego, habló. Esa voz tan terriblemente conocida gracias a haberla oído en mi cabeza todo el día. Lo miré y él me miró. Ritsu abrió mucho sus ojos verdes, mientras que la sangre se agolpaba en sus mejillas. Hice un pequeño mohín. ¿Por qué me pasaba a mí? Retiré mi mano rápidamente.

—Llévatelo tú. Yo… puedo leerlo después.  —dije, antes de verlo una última vez y darme la vuelta para poder irme de ahí lo antes posible. No era que no quisiera verlo. Es más, me costó un esfuerzo terrible poder tener la fuerza de voluntad para darme la vuelta e irme.

Apenas si había podido analizar lo que estaba pasando ¿Qué hacía Saga ahí? Creí que en serio jamás lo volvería a ver, sus secas palabras golpearon en mi pecho duramente, su reacción no hizo más que corroborarme que realmente no quería verme ¿Qué había hecho? Rápidamente tome el libro y lo mire unos segundos, alcance con dificultad a Saga y lo detuve tomándolo de la muñeca. Se detuvo en seco, casi como si estuviera molesto, comencé a maldecirme mentalmente por siempre tener que hacer esa clase de cosas tontas, se giro lentamente hacia mí, lo solté y cerré fuertemente mis ojos preparado para lo que sea que fuese a pasar.

No supe bien cuanto tiempo paso, pero llevábamos bastante en silencio, su carraspeo y un “¿Que quieres?” Me hizo abrir lentamente mis ojos, Saga tenía cierta expresión condescendiente que no hizo más que sonrojarme, por un momento olvide el porqué de haberlo detenido.   Yo… Bueno… Esto… — Note el libro entre mis manos y recordé lo que quería hacer, repentinamente extendí el libro hacia Saga quien me miraba confundido — Bueno… Saga-san… Pu… Puedes llevártelo a casa… Es una parte… De agradecimiento por lo de ayer… Y… Yo… Bueno… Perdón por molestarte — ¿En qué momento lo había comenzado a tutear? Tan pronto tomo el libro, me di la vuelta dispuesto a irme, quería estar más tiempo con él, pero era claro que él no quería lo mismo. Me di cuenta de lo patético que estaba siendo. 

Casi mecánicamente, mi brazo se estiró y mi mano se cerró alrededor de la muñeca del castaño, quizá con más fuerza de la necesaria. Él me volteó a ver, esperando algo, aunque no sabía qué era. Había… esperanza en su mirada. Yo Lo observé unos segundo más antes de carraspear y extenderle el libro nuevamente.  —No puedo tenerlo. Puedo esperar. Llévatelo tú. Por favor.  —le pedí, casi supliqué. Mentía, obviamente. Jamás volvería a pisar aquella biblioteca. Es más, puede que ese mismo día me mudara, todo para no tener que verlo de nuevo. Todo ese sentimiento de necesidad pura me hacía sentir muy raro. No podía estar cerca del castaño, por mucho que lo quisiera. Lo último que deseaba era hacerle daño.  —Yo…  —intenté decir algo, pero no sabía qué. Solté su muñeca, quedando el cosquilleo de su piel en mi mano. Entrecerré los ojos y suspiré. Él no hizo ningún movimiento de tomar el libro.  —No hace falta que me agradezcas nada. No tienes razones para darme las gracias. Yo soy el que debería pedirte disculpas en todo caso. Nunca tuve la intención de… afectarte… ni nada.

AU: It’s a Boy/Girl Thing

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Estaba a punto de levantarme cuando escuché a la chica excusarse. La miré y le pregunté qué se le ofrecía. Sentí a Ritsu pegarse a mí aún más, aunque no encontré una razón. La chica se puso visiblemente nerviosa, jugando con el borde del delantal de su uniforme.

Note las mejillas de la chica discretamente teñidas en un tono melocotón, desviaba la mirada constantemente mientras jugaba con su uniforme ¿Qué estaba pasando? ¿Yo conocía esas reacciones? Por un instante su mirada se fijo en mí, y su inocente expresión pareció mostrar desdén, me sobresalte un poco y desvié la mirada lejos de ella. Fije mi mirada en mi mano y la de Sempai entrelazadas y me encogí sobre mí mismo.

Yo… quería preguntar… ¿Cómo te llamas?…”

Su voz demostraba lo nerviosa que estaba, no me atrevía a mirarla por lo que solo me limite a ver su reflejo a través de los saleros en medio de la mesa.

“Bueno… ¡AH!… Mi… Nombre es Yamada Kyoko… Y Yo…”

Dejo el juego con su uniforme, para comenzar a jugar con su cabello, su sonrojo comenzó a aumentar, por un momento sentí una opresión en el pecho.

Le dije mi nombre más por inercia que por gusto. No sabía lo que quería la chica y alcé las cejas, medio impaciente. Quería irme ya con Ritsu. Quería estar a solas. Por mera cortesía le sonreí, lo que la puso aún más nerviosa y mucho más roja. Kyoko no era fea, pero lo cierto era que seguía prefiriendo a Ritsu, además de que no había lugar para comparaciones de ningún modo.

¿Por qué le había dicho su nombre? ¿Porque le estaba sonriendo? No tenía porque hacerlo, sentí como mis mejillas se inflaron levemente, tan pronto sempai había terminado de pronunciar su nombre, la chica lo repitió en voz baja, pude notar como lo palpaba con la lengua una y otra vez. Ante todo eso me estaba sintiendo extraño. Por impulso la mire discretamente, pero ella lo noto y prácticamente me fulmino con la mirada. ¿Había hecho algo malo? Mi cuerpo reacciono solo y antes de notarlo, había tomado el brazo de sempai, me estaba poniendo algo nervioso a decir verdad. La mire de reojo nuevamente, y tenía una expresión indescifrable en el rostro, estaba completamente sonrojada, parecía estar armándose de valor para decir algo.

“Yo… Masamune-san… ¿Po… Podríamos bueno… intercambiar números telefónicos?”

¿Por qué lo había llamado por su nombre? ¿Por qué a él no le molestaba? Kyoko lucía nerviosa aunque sentía que ella realmente no lo estaba.

“Puedo ser… Muy atrevida… Pero… Eres… Bueno.. Muy guapo”

Esto comenzaba a molestarme.

Sentí los pequeños dedos de Ritsu aferrarse a mi brazo con fuerza. Lo miré de reojo, pero unos mechones de su cabello castaño me cubrían la vista a sus ojos. Después, fijé la mirada en Kyoko, que se había puesto roja como un tomate.

—Yo… Bueno… Gracias por el cumplido.  —dije, sin estar del todo cómodo con aquello.  —Y…bueno, te lo daría, pero la verdad es que no tengo teléfono. No me gustan. Además… Mi novia y yo ya nos íbamos.